jueves, julio 13, 2006

Cuba antes del 59

Onelio Jorge Cardoso nació en Calabazar de Sagua, pequeño pueblo del centro de la Isla de Cuba, perteneciente a la antigua provincia de Las Villas, el 11 de mayo de 1914, el Cuentero Mayor dedicó una gran parte de su obra a narrar la vida en Cuba antes de que triunfara la revolución. El fragmento que hoy les muestro es del cuento "Negrita", historia que muestra la vida de una pequeña perrita y su dueño, en la lucha por subsistir, además traigo un fragmento del cuento "Gente de Pueblo", que muestra el contraste entre antes y después de la Revolución.
En "Negrita", el campesino tenía que pedir limosna, mientras que en "Gente de Pueblo" -después del triunfo- el campesino es feliz, tiene tierra y sabe leer:

Negrita

Hacía tres años ya que Bruno había llegado por primera vez a la finca de Don Cristóbal. Lo recordaba como si fuera ayer mismo; el dueño estaba sentado en el portal, porque era la hora del medio día en que el sol del verano cae aplanando los campos y abrumando de calor los caminos.
Bruno venía sudoroso y ardido de sol. Había estado andando desde el amanecer y los mechones sudados de su pelo se asomaban debajo del sombrero raído. Venía visitando las fincas y haciendo la misma petición a todos los dueños de tierra. Así, anduvo hasta acercarse al portal y amparándose del sol bajo el filo de sombra que proyectaba el alero, se dirigió al hombre:
— Señor, quisiera hablar con usted dos palabras.
Don Cristóbal frunció el ceño y lo miró despaciosamente de arriba abajo:
— ¿Cómo te llamas? —dijo—. ¿De parte de quién vienes?
— No vengo de parte de nadie y me llamo Bruno. Sólo la necesidad me trae.
El dueño advirtió el tono sereno con que hablaba. Sacó un tabaco de la guayabera y lo prendió dándose todo su tiempo. Luego habló sin mirarlo:
— Tu dirás.
Y Bruno dijo:
— Los tiempos son malos para los pobres. Yo, por no tener, me falta hasta el rancho donde vivir —hizo una pausa y mirando al suelo vio a sus pies una cordillera de bibijaguas cargando pedacitos de hojas verdes—: si uno tuviera la suerte de estos bichos, con hacer un agujero en la tierra tendría casa propia.
El dueño se movió incómodo y repuso:
Bueno, no soy yo quien te hizo hombre o bibijagua.
El caminante no pareció oirlo y continuó hablando en tanto miraba el tráfico de los insectos:
— En el camino real ya la rural no deja hacer un rancho. Tiene que ser en tierra de uno —y decididamente levantó la cabeza—, pero si usted me lo permite en cuatro días hago el mío donde menos estorbe.
— En tierra mía —murmuró el hombre sin mirarlo.
— Sí —dijo Bruno y esperó [...]


Gente de pueblo

PEDRO EL CACHURRERO
Las gentes que viven al pie de la cordillera de Los Órganos, por el rumbo norte de Candelaria, hablan de Pedro González, «el Cachurrero», como algo muy difícil que vuelva a repetirse en un jinete en su camino.
Pedro González es para los vecinos de la zona una especie de equilibrista de los ojos, un hombre que ha dominado el arte de leer leguas y leguas, al paso de su bestia en la montaña. Por eso, a fuerza de contar el milagro de Pedro, lo han perfeccionado de tal modo que para referir su gracia ponen siempre un acertijo de entrada:
— ¿Usted cree —dicen— que un cristiano subido en su bestia pueda leerse un periódico entero, mientras el animalito hace el camino malo de la montaña?
Es difícil creer o no creer, y más aún cuando el que pregunta no se detiene sino que añade detalles:
— Tenga en cuenta que las letras de los diarios son chirriquitas y de que la bestia no va por la Carretera Central.
Como, al fin y al cabo hay que contestar, dese o no con el blanco de la respuesta por nuestra parte:
— Bueno, ¿y qué distancia tiene el hombre que andar?
— Tres leguas de loma trepando montaña.
— En ese caso diré que no se puede hacer el milagro de la lectura desde el lomo de un caballo.
— Pues ahí tiene usted la gracia de Pedro; tres leguas sin parar ni apartar los ojos del periódico, leyendo hasta los anuncios y con la rienda de la yegua suelta, así trepe por un desricadero o marche entre cuatro palmos de tierra al borde de una furnia.
Este es Pedro González, «el Cachurrero» panadero de la montaña, llevador del periódico y hombre que encontró la manera de vivir; y sin hallar competencia porque para este oficio «un hombre necesita ser un hombre» así llueva, truene o relampaguee en la montaña [...]