martes, octubre 17, 2006

Esta es una prueba fehaciente de que el interés y el diferendo Estados Unidos - Cuba tiene muchos años de antiguedad, y de que la amenaza de los Estados Unidos aún hoy es una certeza para el pueblo cubano.

El 28 de abril de 1823 John Quincy Adams, que dos años más tarde se convertiría en presidente de los Estados Unidos, le dio estas instrucciones a su embajador en España: «Cuba y Puerto Rico, por su posición local, son apéndices naturales del continente norteamericano y una de ellas, la isla de Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser por multitud de razones de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión. Cuando se echa una mirada hacia el curso que tomarán probablemente los acontecimientos en los próximos cincuenta años, casi es imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra república federal será indispensable para la continuación de la Unión y el mantenimiento de su integridad.» Con aquellas inequívocas palabras se iniciaba para el pueblo cubano una pesadilla que, casi dos siglos después, todavía perdura.